MARIANA PÂŞLEA: SOBRE LA FRATERNIDAD LITERARIA
[Guillermo Eduardo Pilía, Como hierba en la sombra/ Ca iarba la umbră, Treinta poemas/ Treizeci de poeme (1990 – 2021), edición bilingüe, español – rumano, traducción y presentación: Eugen Dorcescu, Ediciones Eurostampa, Timișoara, Rumanía, 2023, 94 p.]
– Un ensayo –
El poema, lágrima de pensamiento y alma, relato y canto, a veces de cisne, inunda el alma del lector con el calor no desprendido del fuego del hogar, sino con las brasas que quedan tras algunas experiencias en las alturas. Así percibo los de los verdaderos poetas, grandes en sí mismos, no elevados por las crónicas literarias, no siempre muy objetivas.
Durante varios años, yo, amante de la poesía auténtica, centré mi atención en los poemas excepcionales, firmados por el poeta Eugen Dorcescu, pero, sabiendo que este famoso poeta hizo y aún hace traducciones de la poesía de algunos de sus colegas, de otros meridianos, busqué descifrar esta gran pasión, puente que une las almas de algunos creadores de poemas, entre quienes las afinidades espirituales son evidentes, perciben su propia vida, así como la de quienes los rodean, de manera muy similar. El último libro, pero no el último, que tradujo Eugen Dorcescu, para regalarnos momentos de deleite y emociones elevadas, es el del conocido poeta y profesor universitario argentino Guillermo Eduardo Pilía, titulado „Como hierba en la sombra / Ca iarba la umbră”, edición bilingüe, Ediciones Eurostampa, Timișoara, 2023.
El título encanta al lector exigente, a través de las múltiples connotaciones, nacidas y sugeridas en la mente del poeta argentino e, implícitamente, de quien lo lee. La comparación „como la hierba en la sombra”, símil al que le falta el primer término, suscita numerosos interrogantes en la reflexividad del lector del libro. ¿Quién es como la hierba que crece en la sombra? Los dos sustantivos (supongo que no se usan denotativamente, sino al contrario) desarrollan una verdadera plétora semántica, en la que los dos términos pueden asimilarse con significados reverberantes.
Lectura de los treinta poemas, precedida de un prefacio firmado por el no menos célebre poeta y catedrático español Jaime Siles (traducido también, muy recientemente, por Eugen Dorcescu: Jaime Siles, „Meránides el frigio/ Meránides frigianul”, edición bilingüe, Eurostampa Publishing House, Timișoara, 2023), nos adentra en un mundo donde cada lector descubre verdades sobre la vida, el amor, la naturaleza, etc., corroborándolas y relacionándolas con sus propias vivencias, con su propia experiencia vital. El tono vibrante de los versos de cada poema resuena en el alma del lector, quien verdaderamente se esfuerza por encontrar el sentido de lo que comunica Guillermo Eduardo Pilía más allá de las palabras. De la mano de sus recuerdos, el poeta tiene a veces la sensación de que no están completos, que el olvido acecha en cada cruce de la memoria y que se corre el riesgo de olvidar lo que no le gustaría olvidar. Del prefacio aprendemos que su poesía, como la de Rilke, nos hace bailar en la cuerda floja, pero sin red; nos hace suspender en el aire y también en el tiempo. De aquí, la idea de que cada poema es filtrado, a través de la intensidad de sus propias vivencias, por cada lector individual, y entendido como tal.
Inquietante primer poema, traducido por Eugen Dorcescu, del volumen „Cazadores nocturnos” (1990). Todas las acciones realizadas, o simplemente deseadas, sugeridas por el poeta, despiertan un escalofrío, pues al lector le parece que el poema describe un acción cruel, „para que se cumpla la ley que me obsesiona” y que „cada hombre tenga parte en la muerte del prójimo”.
La incertidumbre y la disipación también se sugieren en el poema „Niebla”, del volumen „Huesos de la memoria” (1996). El hombre, ser finito, pero dotado de la conciencia de su papel durante el tiempo que transita por el camino del nacimiento – muerte, se enfrenta a un fenómeno natural – la niebla, metáfora de la incertidumbre, que adquiere, en el poema, dimensiones apocalípticas y ricas connotaciones. La „niebla” impide que el ojo vea y, como resultado, se mueve caóticamente „entre la tierra y el cielo: así cam creemos que caminan tambien nuestros difuntos”. Pero la inquietud es desterrada por la posibilidad de que ella, la niebla, desaparezca, chocando contra „el muro verdinoso de la infancia, entre los juguetes y el incienso de Rimbaud”. Convertida metafóricamente en „humo de Dios”, la niebla, como una „llaga, que se percibe apenas con dolor”, lleva al autor al milagro evangélico, „un ojo lisiado de la mañana y de la vida”.
De espíritu enciclopédico, con fe en Dios, Guillermo Eduardo Pilía conoce profundos impulsos meditativos y los confiesa, sin reservas, en la „arena” de su poema, como encontramos en „Luna de Alexis”, donde, en versos de tintes pastel, se sugería la fusión del poeta con la naturaleza, con el aroma albahaca de las casas rústicas, sobre las que tilos, pinos y cipreses „refrescaban la atmosfera”. El final del poema sorprende con la afirmación de que la luna, saliendo de los troncos de los árboles, es mirada por su hijo con „ojos de asombro”, con los ojos del autor, una hermosa referencia a la idea poética de la continuidad.
Los siguientes poemas traducidos por Eugen Dorcescu, buen conocedor del arte de hacer creíble y amena la traducción, arrojan luz sobre sentimientos intensos, de días que el poeta nos presenta en su singularidad, como una película hecha desde la memoria de las „fiestas de la infancia”, pero, sólo el día de la „piedra blanca” está hecho, especialmente para él, de elementos que sugieren luz, paz del alma y la convicción de que, entre tales milagros, „es dulce perder la patria y los recuerdos”. Un estado de ánimo interesante, una inclinación admirable hacia lo sublime.
Un nuevo poema, un nuevo asombro ante la percepción de que, al menor olor, al menor ruido producido por el abrirse de una puerta, el poeta revive momentos maravillosos de la vida, anidados, por un rato, en la memoria involuntaria: „noches de verano…, las fiestas, sus vísperas”, así como „el misterioso resucitar de nuestros muertos”. Esta vez, la comunión es perfecta. El poeta se siente como un eslabón en la historia de la vida, entre los vivos y los muertos.
Siguiendo la temática de los poemas escritos por Guillermo Eduardo Pilía y magistralmente traducidos por Eugen Dorcescu, podemos establecer, sin mayor dificultad, que los „recuerdos” constituyen el puente entre el lirismo del sentir del poeta y todos los que son, todos los que fueron y que, sobre este puente, el poeta camina tímido, hechizado por „el olor de la infancia y su enfermiza alegría”. Personificados, los años envejecen, como las personas, y se convierten en recuerdos. Los recuerdos, a los que el poeta no renuncia, significan, en efecto, la firma, difícil de imitar, de los días que vivió entre seres queridos, casas, árboles, cielo y estaciones. El poeta destaca, en su verso, que „todo es útil e impar”, y esta afirmación abre al lector nuevas puertas a la recepción del poema y vuelve su mente al pasado, a todo lo relacionado con su propia infancia, a la permanencia de aspectos de integración en la existencia misteriosa.
Entendemos que el poeta Guillermo Eduardo Pilía no desea una extensión de su presencia en el mundo que de todos modos dejará, sino que confiesa su deseo como „todas las cosas que hoy en mi están vivas… conmigo han de morir”. Una enumeración da a conocer al lector aquellas cosas que, permaneciendo vivas en la memoria, deben morir con él: las mañanas, la siesta, el cartel, los ceibos, etc. Si estos murieran, sospecha el poeta, quedarían sin registrar las experiencias „más puras e entrañables”. La vida, como „el baile solar de la existencia”, no se puede sintetizar, traducir en palabras. Esencialmente, el „viento herido, moribundo de luz” permanece, como signo de un pasaje lúcido, de un camino hacia el más allá, bañado en resplandor.
Siguiendo el hilo de los poemas de Guillermo Eduardo Pilía, meditando sobre los grandes problemas existenciales, el lector tiene la sensación de que de él también tratan estos espléndidos poemas, en los que el autor admite que le gustaría decir, aunque sea una sola vez, „lo que odia y ama” („Herido por el agua”, 2005). También me fascinan los versos del poema „El milagro”, en el que Guillermo Eduardo Pilía nos cuenta un hecho de hace mucho tiempo, a raíz del cual su abuelo vivió una vida „con un ojo que siempre lloraba”, pero este hecho „no logró hacerlo cruel ni resentido”. Admirable la imperturbable profundidad del alma del anciano.
Si „todas las calles llevan al mismo destino” („Etapas imprevistas”), creo que todos los poemas de Guillermo Eduardo Pilía conocen un solo camino, el del alma del lector, que después de leerlos se siente más relajado, más sabio, más humano, con los pies en la tierra, pero con el alma marcada por la belleza perfecta de sus poemas. Sin dotes de ensayista ni de crítico literario, me atrevo a buscar, para descubrirlas y disfrutarlas, la estructura y el mensaje de unos poemas de los que extraigo sabiduría, y amor a la vida, y brota el alma más íntima del autor. No puedo cerrar estos versos sin detenerme un momento, con el corazón y la vista, en un poema tan pequeño en número de versos, pero tan completo en idea poética. Me refiero a Por mal de amor, un poema con ricas valencias contextuales, que abre el alma de todos aquellos que han conocido o conocen este sentimiento inquietante:
„Por mal de amor
¡Luz musical de la mañana
que sólo alcanza sentido para el tísico
o el santo que velaron la noche!
Para el que estuvo junto a un muerto querido
con quien debe conversar en voz muy baja,
para el centinela que aguarda su relevo.
Para el que quiso quedarse despierto
por contemplar desnuda a una mujer.
Para el que no puede dormir, por mal de amor”.
(„Suferința din dragoste
Lumina muzicală a dimineții
dobândește sens doar pentru ftizicul
sau sfântul care au vegheat toată noaptea!
Pentru cel care a stat lângă un mort iubit
cu care trebuie să conversezi în șoaptă,
pentru santinela care-și așteaptă schimbul.
Pentru cel care a vrut să rămână treaz
spre a contempla o femeie goală.
Pentru cel ce nu poate dormi, din pricina suferinței din dragoste”).
Eugen Dorcescu, buen conocedor de la lengua española, pero también de los secretos del acercamiento, la comprensión y la fusión con el texto del libro de un poeta de gran valor, nos regala con este volumen, de rica carga semántica, la posibilidad de sentir, de comprender que la vida debe ser vivida con todo lo bueno y lo malo, con el pensamiento y el corazón en Dios, el gran maestro del viajero por la existencia, desde la hora de su nacimiento, hasta entrar en la noche del sepulcro, en que la luz divina toma la forma de memoria. Este volumen no es la única traducción del escritor Eugen Dorcescu. Inició esta noble labor de traductores hace muchos años y enriqueció la literatura con valiosas obras literarias, hecho que destaca la honestidad de un poeta, que está convencido de que, en el mundo, existen muchos autores de prestigio cuya obra merece ser conocida y en el extranjero del país de origen. Habiendo sido recientemente aceptado como miembro correspondiente de la prestigiosa Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid, España, Eugen Dorcescu rinde homenaje a la literatura rumana y universal por igual. ¡Estamos convencidos de que otros cientos de páginas en prosa o verso enriquecerán el buen mundo de la poesía y la prosa, un mundo que percibe al gran poeta de Timisoara, Rumanía, como uno de „casa”!

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A trecut ceva timp, de la atacul informatic direct, de foarte rea-credinţă, prin care revista universală de creaţie şi atitudine culturală ARMONII CULTURALE (www.armoniiculturale.ro, înfiinţată la Adjud în februarie 2011), a fost desfiinţată aproape în totalitate. Dispariţia din spectrul online a acestei reviste, devenită în scurt timp valoroasă, prin numele care şi-au adus contribuţia la construirea acesteia, a constituit un real motiv de regret pentru cei peste 900 de colaboratori, de pe cinci continente. În perioada activităţii sale online, revista Armonii Culturale s-a constituit într-un pol pozitiv de atragere a scriitorilor valoroşi, atât din ţară, cât şi din diaspora..